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Intervención psicoterapéutica

Una terapia que se adapta a la persona, no al revés

Integrar varios enfoques no es mezclar al azar: es elegir, en cada momento, la herramienta que mejor encaja con lo que traes y lo que quieres mover.

Qué es la psicoterapia integradora

Integrar no es mezclar al azar. Es partir de varios marcos con evidencia y elegir, en cada momento, qué herramienta encaja mejor con lo que traes y con la fase del proceso. La decisión es clínica, no estética: si una técnica no aporta, se cambia.

El hilo común es el encuadre: una relación terapéutica clara, objetivos compartidos, lenguaje cercano y revisión periódica de lo que está funcionando.

Los tres enfoques que integro

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

Trabajo directo sobre pensamientos, conductas y respuestas aprendidas. Útil cuando hay patrones identificables que sostienen el malestar: rumia, evitación, autocrítica, círculos de ansiedad. La TCC aporta estructura, experimentos conductuales y herramientas concretas para probar fuera de sesión.

Enfoque humanista

El cambio no se sostiene solo con técnica: necesita un vínculo en el que sentirse mirado sin juicio. El enfoque humanista pone el foco en la vivencia, los recursos propios y el sentido. Aquí se trabaja menos con instrucciones y más con escucha, presencia y exploración guiada.

Aceptación y compromiso (ACT)

Cuando lo que duele no se puede borrar, ACT ayuda a dejar de pelearse con la experiencia interna y a moverse hacia lo que importa. Trabajamos defusión cognitiva (tomar distancia de los pensamientos), aceptación, contacto con valores y acción comprometida.

Cuándo tiene sentido

  • Ansiedad sostenida, ataques de pánico, preocupación que no para.
  • Ánimo bajo, apatía, pérdida de sentido o de motivación.
  • Duelo, rupturas, cambios vitales difíciles de digerir.
  • Ajuste emocional a una enfermedad, lesión o diagnóstico reciente.
  • Dificultades para tomar decisiones o para sostener cambios.
  • Sensación de estar viviendo lejos de lo que valoras.

Cómo es el proceso

  1. Entrevista inicial. Sesión amplia para entender la historia, lo que pasa hoy y qué te gustaría que cambiase. Aquí decidimos juntos si encajamos y qué encuadre tiene sentido.
  2. Formulación clínica y plan. Una hipótesis de trabajo que enmarca lo que ocurre y un plan flexible: objetivos, frecuencia, criterios de revisión.
  3. Sesiones de trabajo. Habitualmente semanales o quincenales, de 50 minutos. Se combinan técnicas según la fase: a veces más estructura (TCC), a veces más exploración (humanista), a veces trabajo con valores y aceptación (ACT).
  4. Revisión periódica. Cada cierto número de sesiones paramos a mirar qué se mueve, qué no, y qué reformulamos. La terapia tiene principio y final: el objetivo es que dejes de necesitarla.
Preguntas frecuentes

Sobre Psicoterapia integradora

¿Qué significa que la terapia sea integradora?
Que parto de varios marcos con respaldo empírico (cognitivo-conductual, humanista, aceptación y compromiso) y combino sus herramientas según el caso, la fase del proceso y lo que va funcionando. No es eclecticismo improvisado: hay un hilo clínico que sostiene las decisiones.
¿Cuándo está indicada?
Cuando aparecen malestar emocional sostenido, ansiedad, ánimo bajo, duelo, dificultad para tomar decisiones, ajuste a una enfermedad o lesión, o sensación de estar viviendo lejos de lo que valoras. También como complemento a un proceso neuropsicológico cuando el componente emocional pesa.
¿En qué se diferencia de la evaluación neuropsicológica?
La evaluación neuropsicológica responde a una pregunta diagnóstica sobre la cognición. La psicoterapia trabaja sobre el malestar, la conducta, las emociones y los valores. A veces se combinan: el informe orienta y la terapia sostiene el cambio.
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